Skip to Content

Testimonio República Dominicana

Un viaje a República Dominicana tuvo grandes bendiciones para aquellas personas quienes Dios tocó.

Aqui esta el testimonio de lo ocurrido en ese viaje misionero

 

Mis amados que regalo tan grande es el que el Señor nos ha dado al permitirnos conocer, Su gracia de la manera como El lo ha hecho. Cada día estoy mas maravillada de ver Su grandeza, de experimentar su amor y ver la misericordia que tiene para con cada uno de nosotros. Es grande todo esto y una vez mas agradezco a Dios por ustedes, mi familia amada. No me cansare de decirles que los amo.

Mi interés es que este testimonio abra los ojos de nuestro entendimiento y veamos  el valor y el poder de la gracia que de Dios hemos recibido y podamos soltarnos confiadamente sabiendo que El tiene cuidado de nosotros.

Hace algunos domingos llegó de visita a nuestra iglesia una señora, muy amorosa por cierto y con el deseo sincero de servir a Dios. Ella traía consigo un aceite rojo, uno verde, uno morado y así sucesivamente. Ella comenzó comentándome el valor y la importancia de cada uno de esos aceites y sus colores y esto produjo en mi un dolor intenso porque el pueblo menosprecia a Jesucristo y a su Espíritu Santo,con esto de los aceites de botella, de los pañuelos untados y tantas otras cosas que aparecen,  por no conocer la Verdad. “Mi pueblo perece por falta de conocimiento”.

Cuando estas cosas pasan le doy gracias a Dios del regalo tan grande que sin nosotros merecerlo hemos recibido. Su gracia abundante que es capaz de transformar lo imposible en posible. Su amor y misericordia que actua en nosotros. Dice la palabra que no es del que corre o el que quiere, sino de Dios que tiene misericordia.

Una de estas experiencias la vivi en un pueblo cercano a Santo Domingo- Republica Dominicana. Recuerdo que mi esposo ministro la palabra de salvación y luego hizo un llamado de oración, mas ninguno de los adultos que estaban allí tenían interés en lo que se estaba diciendo, solo los niños y algunos jovenes se gozaban lo que se estaba entregando.

Entonces el Señor colocó en mi un mensaje que decía: Si no me escuchan por la palabra, lo harán por mis obras.... En ese momento la luz de todo el sector se fué y la luna estaba clara, nos salimos al camino y allí empezamos a orar por las personas.  Esto era impresionante, personas empezaron a ser sanadas, niños, jóvenes eran tocados por el Espíritu Santo. Se levantaban del piso y Dios volvía a tocarlos con su presencia.

Debiamos tener cuidado para no pisar la gente, no interesaba ya la edad, habian personas de todas las edades tocadas por Dios.

Empezamos la ministración a las 6 de la tarde, eran las 12 y no terminábamos. La gente seguía llegando en carros, camionetas; muchos jovenes eran traídos. No sabiamos de donde llegaban, y se regó la noticia por todo el pueblo de lo que allí estaba sucediendo.

Terminamos como a eso de la 1 de la mañana, cuando se acabaron las basijas y no llegaron más para depositar el aceite, volvió la luz.  Mi esposo, una hermana del ministerio y yo no podiamos dormir aquella noche, nuestros cuerpos estaban cansados pero nuestro espíritu continuaba en alabanza para nuestro Dios.

Alli veía yo el verdadero aceite derramado no de una botella, ni en un pañuelo, sino del cielo mismo, para que Jesucristo fuera exaltado. Y recordaba la palabra “EL EVANGELIO ES PODER DE DIOS PARA SALVACION A TODO AQUEL QUE CREE”.

 



X
Loading